El asentamiento en esta tierra se motiva por el aprovechamiento de los yacimientos mineros muy abundantes en el entorno, y también por la importancia de la proximidad a la Alpujarra.
Su topónimo, “qalat-al-horra”, es muy antigüo habiéndose dado distintas versiones de su significado que no acaban de convencer. En cualquier caso sí podemos decir que La Calahorra significa baluarte o torre de defensa.
De época musulmana y morisca se conoce que en La Calahorra (según el empadronamiento de los moriscos en el año 1.550) hubo al menos cinco lugares distintos de enterramiento, el más importante el situado al este de la localidad, donde actualmente se encuentra el cementerio.
Durante la rebelión morisca la mayor parte del pueblo fue quemado y destruido. A partir de 1.571 los llegados pobladores construyen nuevas viviendas extendiéndose más por el llano. La Calahorra fue la primera población de la zona en sublevarse contra el levantamiento morisco de 1.568. Tras este acontecimiento Felipe II ordenó la expulsión de los moriscos, cediendo terrenos y casas a los cristianos viejos procedentes de Castilla, Aragón, Asturias y Galicia.
En 1.490, los Reyes Católicos conceden en señorío al Cardenal Mendoza, lo que más tarde constituiría el Marquesado del Zenete, como premio a los servicios prestados a la corona en la guerra de Granada. El primer señor del Marquesado fue D. Rodrigo de Vivar y Mendoza (hijo del Cardenal Mendoza), quien construyó el famoso castillo-palacio, símbolo del señorío del Marquesado.
La población, que había disminuido sensiblemente tras el abandono de estas tierras por parte de los conquistados, no aumentará hasta 1.560, debido fundamentalmente al regreso de los moriscos, una vez garantizados sus derechos de residencia por el Marqués del Zenete.

La población de La Calahorra se había mantenido en unos niveles aceptables desde el siglo XVI, debido seguramente a su papel como capital histórica del Marquesado, refrendado por la ubicación en su término del castillo-palacio que fue residencia del Marqués del Zenete.
Sin embargo, en 1.834 pierde el carácter de cabeza de partido judicial del Marquesado y ello se plasma en una decadencia demográfica que llegará hasta finales de ese siglo, debido a que la excesiva parcelación de sus tierras, unida a la menor extensión del regadío en relación a otros pueblos de la comarca, hacían muy difícil el mantenimiento de una población eminentemente agrícola que, además, no tenía el recurso de la ganadería como en otros municipios del Marquesado, por la poca extensión de los terrenos de pastizal y monte.
Desde principios del siglo XX, aumenta su población al compás del desarrollo de la minería de hierro de Alquife hasta 1.960, con la salvedad del período de la posguerra donde las condiciones de vida se hacen difíciles en la zona, que no se cuenta con una agricultura muy productiva.
A partir de 1.960 se produce una situación común a muchas zonas rurales del territorio nacional, ya que la emigración hace descender la población en casi un 45%.
 
 
 
 
 
 
© 2005 www.lacalahorra.com